Imagine un lago natural de grandes dimensiones. En él desemboca todo lo que fluye hacia su interior: arroyos, lluvia y escorrentías, sin filtrar ni organizar el contenido. En el mundo de los datos, un data lake funciona de la misma manera: actúa como repositorio de datos brutos sin procesar, procedentes de una gran variedad de fuentes. A diferencia de los sistemas de almacenamiento tradicionales, no es necesario que los datos estén formateados u organizados antes de incorporarlos.
Es posible que haya oído hablar de los data lakehouses y piense que son lo mismo que los data lakes, pero existe una diferencia clave. En términos sencillos, un data warehouse es un repositorio de datos: almacena grandes volúmenes de datos que ya han sido procesados (ampliaremos este punto más adelante). Mientras que un data lake almacena datos brutos, un data lakehouse combina la flexibilidad de un data lake con las capacidades estructuradas de un data warehouse, conformando así una solución híbrida.
Los data lakes son ideales si necesita almacenar distintos tipos de datos: datos estructurados, como registros de clientes, y datos no estructurados, como vídeos, flujos de sensores del IoT (Internet de las cosas) o publicaciones en redes sociales. Además, están optimizados para análisis avanzados, como el aprendizaje automático y el modelado predictivo, ya que los analistas pueden trabajar directamente con datos brutos sin necesidad de un preprocesamiento exhaustivo.